Hay lugares que uno visita y otros que se quedan contigo. El Parque Nacional de Komodo, en Indonesia, ha sido uno de esos destinos. Un viaje de buceo entre el océano Índico y el Pacífico, con Labuan Bajo como punto de partida, donde las corrientes, la extraordinaria biodiversidad y unos arrecifes llenos de vida hicieron que cada inmersión fuese diferente.

Labuan Bajo, nuestra base
El viaje a Indonesia lo organizamos con La Restinga, centro de Buceo de El Hierro, y nuestra base fue Labuan Bajo, en la isla de Flores. Nos alojamos en el hotel Zasgo y desde allí comenzamos varios días de buceo en uno de los lugares más especiales que he conocido: el Parque Nacional de Komodo.
Bucear en Komodo
Komodo es un lugar de buceo muy especial porque se encuentra entre el océano Índico y el Pacífico. Esa situación hace que muchas de sus inmersiones estén marcadas por la corriente, y precisamente esas corrientes son una de las razones por las que existe una fauna tan abundante y variada.
No todas las inmersiones tienen el mismo nivel de dificultad. Hay puntos donde la corriente exige experiencia, atención y buen control bajo el agua, como puede ser The Shotgun, mientras que otras inmersiones son bastante más tranquilas.
En general, no son inmersiones excesivamente profundas, pero sí pueden ser muy dinámicas y diferentes entre sí. Y en todas ellas disfrutamos muchísimo.
Un arrecife lleno de vida
Una de las cosas que más me impresionó de Komodo fue el estado y el colorido de sus arrecifes. Después de años viajando y buceando en diferentes lugares, puedo decir que aquí encontré algunos de los corales más vivos que he visto. Auténticos refugios donde multitud de peces y pequeños crustáceos encuentran protección y alimento.

Y cuando empiezas a mirar con calma aparecen las pequeñas joyas: pudimos observar y fotografiar el caballito de mar pigmeo, la espectacular morena de listón azul y el curioso pez hoja. Pero Komodo también nos regaló encuentros a otra escala, con la presencia de grandes mantas oceánicas que convirtieron algunas inmersiones en momentos difíciles de olvidar.

Fotografía submarina en Komodo
Komodo es uno de esos lugares donde resulta difícil guardar la cámara. Cada inmersión ofrece algo diferente y, para quienes disfrutamos de la fotografía submarina, las posibilidades son enormes. Desde los grandes paisajes de arrecife y las mantas hasta los pequeños detalles que obligan a detenerse y mirar con calma.
Durante estos días pudimos dedicar tiempo a fotografiar algunas de las especies que más ilusión me hacía encontrar: el diminuto caballito de mar pigmeo, la espectacular morena de listón azul, el pez hoja y, por supuesto, las grandes mantas. Todo ello rodeado de unos arrecifes extraordinariamente vivos y llenos de color.
En este tipo de viajes agradezco especialmente poder bucear sin prisas. Jordan, nuestro guía —@captain_keren22—, entendió perfectamente nuestra forma de bucear y tuvo la paciencia necesaria para dejarnos trabajar cada fotografía con tranquilidad.



























La vida a bordo: mucho más que bucear

Cada jornada comenzaba temprano. A las 6:30 de la mañana salíamos de Labuan Bajo para pasar prácticamente todo el día en el mar, realizando tres inmersiones diarias y regresando a puerto alrededor de las 16:00.
Pero una experiencia así no depende solamente de lo que encuentras bajo el agua. La atención de la tripulación fue excepcional durante todo el viaje. Siempre pendientes de nosotros, cercanos, amigables y con esa simpatía que consigue que después de varios días a bordo termines sintiéndote como en casa.





La comida en el barco merece una mención especial. Después de cada inmersión nos esperaba una comida estupenda, algo que se agradece enormemente cuando acumulas tres buceos al día.
Dani fue nuestro enlace con la tripulación y Jordan, conocido como @captain_keren22, nuestro guía personal bajo el agua. Su paciencia y tranquilidad fueron fundamentales para nosotros, especialmente porque cuando llevas una cámara el ritmo de una inmersión cambia.
Y, como en tantas otras aventuras, a mi lado estuvo David Chinea, compañero inseparable de estos viajes, acompañado esta vez por su pareja, Lian.


Labuan Bajo, fuera del agua
Después de pasar prácticamente todo el día en el mar, Labuan Bajo todavía nos reservaba algunos de los mejores momentos de la jornada.
Sus puestas de sol fueron sencillamente increíbles. Después de tres inmersiones y muchas horas en el barco, regresar a puerto y encontrarnos con aquellos atardeceres era una magnífica forma de terminar el día. De esos momentos en los que apetece sentarse, mirar y disfrutar.
Y, por supuesto, también estaba la gastronomía. Una de las experiencias que más disfrutamos fue comer en el mercado del pescado de Labuan Bajo. Pescado fresco, ambiente local y una comida excepcional que, después de un día completo de buceo, sabía todavía mejor.
El viaje empezaba muy temprano cada mañana bajo el agua, pero no terminaba cuando regresábamos al puerto. Los atardeceres, la gente, la comida y el ambiente de Labuan Bajo también terminaron formando parte de nuestros recuerdos de Komodo.
Un día en tierra: Pink Beach y los dragones de Komodo
Mar, islas, playas y una naturaleza completamente diferente a la que estamos acostumbrados. Komodo consiguió sorprendernos también cuando nos quitamos el equipo de buceo.
No todo iba a ser estar bajo el agua. Durante el viaje también reservamos tiempo para conocer otra cara de este increíble rincón de Indonesia y realizar una excursión por el Parque Nacional de Komodo.
Después de tantos días contemplando estas islas desde el barco, poder recorrer sus paisajes y disfrutar de sus impresionantes vistas fue otra manera completamente diferente de descubrir el parque. También visitamos Pink Beach, con su característica arena de tonos rosados y sus aguas transparentes, uno de esos lugares que parecen hechos para detenerse un momento y simplemente disfrutar del paisaje.
Un viaje difícil de olvidar
Y, por supuesto, no podíamos estar en Komodo sin conocer a sus habitantes más famosos: los dragones de Komodo. Poder observar de cerca estos impresionantes animales en su propio entorno fue otra de esas experiencias que terminan completando un viaje que ya estaba siendo extraordinario bajo el agua.

Komodo es uno de esos lugares donde el mar obliga a estar atento, pero al mismo tiempo recompensa cada inmersión. Corrientes, vida marina, arrecifes llenos de color, mantas, fauna pequeña, fotografía submarina y una tripulación que hizo que todo resultara todavía más especial.
Pero el viaje no terminaba al salir del agua. Los atardeceres de Labuan Bajo, la comida, la gente y los momentos compartidos también terminaron formando parte de la experiencia.
Komodo fue, sin duda, una de esas experiencias que permanecen bajo la piel mucho después de volver a casa.
Komodo ha sido mucho más que un viaje de buceo. Han sido días de corrientes, arrecifes llenos de vida, pequeños animales que obligaban a mirar cada rincón y encuentros con grandes mantas que difícilmente se olvidan.
Pero también ha sido Labuan Bajo, sus increíbles puestas de sol, el mercado de pescado, Pink Beach, los dragones de Komodo y, sobre todo, las personas con las que compartimos esta aventura.
Una vez más, regreso a casa con muchas fotografías, grandes recuerdos y esa sensación que siempre deja el mar: todavía queda muchísimo por descubrir.
Nos vemos bajo el agua.



























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